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Entre clases y turnos: el doble esfuerzo de los estudiantes trabajadores en Antofagasta

- Junio 21, 2025

Daniela Pérez y Benjamín Urrutia

“Llego a la casa a medianoche y apenas alcanzo a repasar para la prueba del día siguiente. A veces me pregunto cuánto más voy a aguantar así”, dice Belén Rojas, estudiante de segundo año de Ingeniería Comercial en Antofagasta, quien trabaja como vendedora en una tienda del Mall Plaza para poder pagar sus gastos básicos.

Parte del equipo joven de un local de comida rápida en Antofagasta. Muchos de ellos compatibilizan jornadas laborales con estudios universitarios, enfrentando dobles exigencias cada día.

En una ciudad marcada por el alto costo de vida, cientos de estudiantes universitarios se ven obligados a compatibilizar estudios con trabajos informales o a medio tiempo. Ya sea para costear la locomoción, el arriendo o la alimentación, el doble rol de estudiante-trabajador se vuelve una rutina diaria que cobra factura física y mental.

Según el Observatorio Laboral de Antofagasta (SENCE – 2023), la ciudad figura entre las más caras del país, solo por detrás de Santiago. Esto se traduce en un impacto directo en los estudiantes foráneos y locales, muchos de los cuales deben asumir trabajos durante el semestre para mantenerse.

Además, un informe de la Fundación Sol señala que un 42% de los estudiantes de educación superior en Chile trabaja mientras estudia, pero en zonas como Antofagasta donde el costo de vida y el arriendo duplican el promedio nacional ese porcentaje podría ser aún mayor. Un estudio de la Universidad Católica del Norte estima que uno de cada tres estudiantes de su sede Antofagasta realiza algún tipo de trabajo remunerado durante el año académico.

Aunque compatibilizar estudios y trabajo puede sonar como un ejemplo de esfuerzo y superación, en la práctica muchos estudiantes viven con una carga casi insostenible.

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A esto se suma la escasa flexibilidad horaria de algunas carreras y la falta de comprensión por parte de ciertos docentes. Los efectos de esta sobrecarga son múltiples, falta de concentración, ansiedad, insomnio, bajo rendimiento académico y, en muchos casos, el abandono de los estudios.

Los testimonios de estudiantes trabajadores en Antofagasta reflejan una realidad muchas veces invisibilizada dentro de la vida universitaria. A través de entrevistas recogidas en terreno y por redes, se repite una misma constante: no hay tiempo suficiente.

Si bien algunas instituciones de educación superior han comenzado a implementar medidas como flexibilización horaria, acompañamiento psicológico o tutorías para estudiantes con alta carga laboral, los avances son aún parciales y desiguales. La mayoría de los estudiantes trabajadores sigue enfrentando estas dificultades sin un apoyo estructural real.

El fenómeno abre una pregunta urgente, ¿están las universidades y las políticas públicas regionales preparadas para acoger de forma efectiva a estudiantes que además deben sostenerse económicamente? Reconocer esta realidad no solo es una cuestión de empatía, sino de equidad. Porque detrás de cada estudiante que trabaja, hay una historia de esfuerzo que merece ser vista, comprendida y acompañada.